En una era marcada por la innovación tecnológica y la sofisticación de las técnicas quirúrgicas, la cirugía del pie y tobillo se encuentra en una encrucijada formativa. El desarrollo de abordajes mínimamente invasivos, la mejora en los sistemas de planificación e instrumentación quirúrgica y la creciente subespecialización han elevado de manera notable el nivel técnico. Sin embargo, este progreso plantea una pregunta fundamental: ¿se está otorgando el peso adecuado a los pilares formativos sobre los cuales descansa toda esta práctica quirúrgica rigurosa?
La formación en cirugía del pie y tobillo no comienza en el quirófano o cadáver, sino en el dominio profundo de la anatomía, la exploración clínica, la biomecánica y la fisiopatología.
El pie, como estructura funcional, representa uno de los sistemas más complejos del aparato locomotor, lo que también lo hace apasionante y todo un reto. Su capacidad para adaptarse a múltiples condiciones de carga, mantener el equilibrio y facilitar la locomoción depende de una interacción precisa entre elementos óseos, ligamentosos y musculares. Ignorar o simplificar esta complejidad en favor de algoritmos quirúrgicos estándar nos induce a tener resultados decepcionantes. Comprender esta interacción exige un conocimiento sólido de la anatomía y la biomecánica. Sin estos cimientos, incluso el cirujano técnicamente más hábil corre el riesgo de interpretar de forma errónea la patología o de aplicar una corrección inapropiada. La cirugía del pie no es simplemente una cuestión de técnica, sino de comprensión integral del sistema que se está modificando.
Patologías frecuentes como el hallux valgus o la fascitis plantar ilustran esta realidad. Son abordadas mediante técnicas bien descritas y ampliamente difundidas. No obstante, su aparente estandarización puede inducir a una falsa sensación de simplicidad. Nada más lejos de la realidad. Todos sabemos que son “problemas” aún sin resolver en algunos de nuestros pacientes. Cada paciente presenta una combinación única de factores anatómicos, biomecánicos y funcionales que exige una valoración individualizada. La correcta indicación quirúrgica (o la ausencia de ella), así como la elección del procedimiento más adecuado, dependen, en gran medida, de la solidez de los conocimientos básicos del cirujano.
Los cursos básicos (de fundamentos o fundamentales) enseñan algo que ningún manual quirúrgico avanzado puede suplir, el razonamiento clínico. Saber cuándo no operar es tan importante como dominar la cirugía. Esta capacidad se construye a partir de la integración de conocimientos básicos, no de la memorización de las técnicas. En este sentido, la formación inicial en disciplinas como la exploración física y la interpretación de pruebas complementarias no es un requisito burocrático, sino el núcleo del criterio médico.
La tendencia actual a priorizar la especialización temprana puede generar cirujanos técnicamente competentes, pero conceptualmente limitados. En cirugía de pie y tobillo se traduce en intervenciones que corrigen la forma o las radiografías, pero pueden no mejorar al paciente. Por el contrario, una base sólida, que se imparte en estos cursos de fundamentos, permite interpretar cada caso como único, seleccionar la técnica adecuada y anticipar complicaciones.
Revalorizar los cursos básicos en la formación quirúrgica no implica frenar el progreso, sino garantizar que este sea sostenible. La excelencia quirúrgica no se define únicamente por la innovación, sino por la integración coherente entre conocimiento, criterio y técnica. En la cirugía del pie y tobillo, como en toda práctica médica rigurosa, los fundamentos no son el inicio del camino: son lo que lo hace posible.
Os animo a difundir esta idea entre los más jóvenes. Nuestra sociedad ha puesto en marcha, desde la Comisión de Docencia, los cursos de Fundamentales en medicina y cirugía de pie y tobillo, con dos ediciones ya, con excelente acogida por parte de los participantes. En ellos empezamos desde el principio, como debe ser.
Dra. María Sánchez González
Vocal de Docencia de la SEMCPT